> ¿Cuánto vale una relación? No estoy hablando de valor monetario. ¿Una relación tiene valor por lo que cada miembro puede aportar? ¿Las personas realmente ven el valor en las relaciones o están navegando en sus relaciones a la deriva? ¿Apoco no es curioso que en una relación matrimonial te hacen firmar un contrato casi obligándote a que le veas el valor a esa relación? ¿Puedo inferir que el valor de un matrimonio débil se rige por el costo de romper el contrato?
> ¿Te imaginas un matrimonio sin contrato? Ya te estas imaginado “¡Sin contrato! ¡Al primer disgusto mi pareja se fugaría y quedare yo sola!” Es muy probable que esto llegue a suceder en especial si en la relación la otra parte no vio el valor de permanencia. Tu siguiente pensamiento surge y dice “Por eso es absolutamente necesario tener el contrato, para obligarlo a que no pueda irse por su libre deseo.” En mi humilde opinión, este pensamiento esta equivocado.
> Antes de enojarte, déjame explicarte. En cualquier relación la base deberá ser “ganar-ganar” (evolucionar-evolucionar). Para poder llegar a este concepto, tu deberás mostrar que la relación en la que te mantienes, estas aportando un valor. Un valor no solo para satisfacer ese momento, sino un valor creciente y duradero. De igual forma así debería pensar tu pareja si esta en la misma frecuencia cuando ustedes pactaron su sociedad. Y no estoy hablando del contrato escrito, sino del contrato hablado o inclusive del contrato pensado (digamos, ¿escrito en el cielo?).
> Ahora, imagínate que el contrato matrimonial tuviera caducidad. Que cada 10 años se preguntarían a las partes “¿deseas seguir o terminar con la relación?” Muchos estarán en contra de este concepto. Y estarán en desacuerdo porque ya saben cual seria la respuesta de su pareja ya que, de nuevo, al no ver valor en la relación el siguiente paso seria el de separación.
> Entonces, lo que quiero que tu, el lector, entiendas es que debes engrandecer tu valor en tus relaciones con las personas que deseas convivir. Aquí te puse un ejemplo de matrimonio, y esto aplica también a relación de amistades, relación de negocios, relación de miembro de la sociedad, etc.
> En una ocasión, unos amigos (pareja) decidieron retirarse del grupo de parejas donde yo pertenecía. En ese momento ellos sintieron que la relación era casi nula. Siendo muy buenos amigos, se retiraron en buenos términos. Algunos en el grupo se sintieron traicionados y ofendidos por el hecho de que se retiraron. Estos amigos se pusieron en plan primitivo y dijeron “no hay que dejarlos volver”. Pensé “¡Que absurdo! ¿Porque castigar a unos amigos por no ver el valor de permanecer?” Tuve que intervenir para decirles que eran nuestros amigos y que el amor de amigos lo conservarían no importando donde estarían o la frecuencia de visitas a nuestras casas. Lo único que nos quedo por hacer era despedirnos de nuestros queridos amigos e invitarlos a que cuando quisieran regresar, las puertas estarían abiertas, las luces estarían encendidas, y los abrazos estarían igual de calidos a su regreso si esto fuera a darse.
> Esto también aplica a nuestros hijos en sus vidas adultas fuera de casa. Los hijos nos llegan a visitar según el valor que les podemos dar. El valor de pertenecer a una familia. El valor de recordar y reír. El valor de amor sincero. El valor de compartir este espacio en este mundo diminuto. El valor de haber conquistado aquellos logros y compartirlos con personas que admiramos.
> En conclusión, dejemos un espacio y ambiente de valor real para así ser y engrandecer nuestra participación en este momento de existencia.